El profesor Pedro Fuerte, en la actualidad es Gerente de Producción con 25 años de experiencia en una empresa multinacional que fabrica envases plásticos, lleva 10 años como profesor hora cátedra en varias Universidades de la ciudad en las cuales dicta clases de Gerencia de Producción, Operaciones y Procesos; con sus bien puestos 50 años, 1.98 mts, rostro de facciones rectas, bigote y buena salud, con unas cuantas canas; se encontraba dictando clase de Gerencia de Operaciones en una de las más prestigiosa Universidad de la ciudad, donde ha sido profesor por más de 10 años, con 15 estudiantes de 8º y 9º semestre de Carreras de Ingenierías, Administración y Contaduría.
En el salón se habían formado tres subgrupos de trabajo bien diferentes …marcadamente diferentes, el primero, todos hombres, parecidos a un grupo de 11º grado, peludos, relajados, nunca se sientan, se extienden en los asientos de clase, nunca toman nota, dan la impresión de tener intereses “más allá” de la clase. Solo miran su teléfono móvil, tic-toc ventiado.
El segundo grupo, tres parejas, siguen el libro, la clase, toman apuntes, se apoyan entre ellos y el último grupo, solo son mujeres, todas con la misma moña atrás, bonitas, inteligentes, tímidas, interesadas, pilosas y se miran entre ellas cuando alguno del grupo de hombres hace un comentario, la mayoría de las veces salido de tono, o “tonto que llaman”.
Pedro sentía que el grupo no marchaba, no se metían en las discusiones de los casos; más de una vez que el grupo no caminó, tomó el marcador seco y en el tablero empezó a desarrollar “la respuesta del caso”, en un tono de voz marcado, enfático y dando la impresión de estar diciendo “partida de brutos”. Normalmente al terminar la explicación, los alumnos tenían la mirada perdida al infinito, vidriosa y otros simplemente con la cabeza agachada es decir con la cumbamba al pecho y obvio, un silencio profundo en el salón.
La ansiedad de Pedro no le permitía dejar la situación avanzar, es decir que él se tiraba hacia la explicación de manera frenética y al finalizar, cuando todos se marchaban, se quedaba sentado en la mesa del salón pensando que la cosa no estaba bien, que estaba de mal en peor, en especial cada vez que se dejaba arrastrar por su impulso, “…de malas, con un grupo tan malo, que más se puede esperar”, pensaba.
Desde el comienzo del semestre, Pedro los había “invitado” a la metodología constructiva; recordando sus palabras al inicio del semestre: “si ustedes creen que yo les voy a resolver las dudas, ni lo esperen, vayan buscando a quien llorarle, ahora si van a tener que responder por sus actos, yo por mi parte les destruiré cualquier argumento, si ustedes saltaban a 1.50 mts, pues ahora les voy a subir el palo a 3 mts, ahí verán que pueden hacer, pero por lo visto ustedes los veo con cara de flojos, acomodados y mimaos, espero de ustedes que respondan al reto porque esto es pa’berracos”.
Durante el semestre transcurrido habían discutido en clase cuatro casos, en los que tenían que organizar el proceso productivo; desafortunadamente en ninguno de los casos, los alumnos habían llegado por sí mismos a una solución lo cual enardecía a Pedro, llevándolo a dar “la respuesta”.
Al desarrollar cada caso en el tablero, después que “el grupo había salido con un chorro de babas”, hacía énfasis en las interacciones cercanas a las tareas y las conexiones externas a la empresa, las cuales podrían influir sobre el proceso productivo. Al finalizar la explicación el tablero era un mar de hilos, rayas de colores, letras, es decir que, si alguien entrara al salón, literalmente sería imposible descifrar que pasaba allí. Los alumnos, de nuevo terminaban con la consabida mirada de vidrio.
Los alumnos le decían a Pedro: profe, no entendemos; ¿profe, por donde arrancamos?; profe, es que hay mucho por donde salir; profe, porqué no nos dice paso a paso que es lo que usted quiere que le digamos; profe, ¿cuál fórmula quiere que aplique? ¿profe, usted que espera del caso?; Profe, ¿a usted no le parece el colmo que el parcial sea un caso como este? lo mas seguro es que nos vamos a rajar!
Pedro ni se inmutaba, simplemente les decía “háganle muchachos, ¡a ver si tienen garras para pelear!”. Los estudiantes en los reclamos le estaban diciendo en el fondo que tenían problemas para comprender problemas complejos, pero a Pedro eso le resbalaba. Pedro el invencible, Pedro el recio, Pedro el inexpugnable, Pedro el seco, Pedro corazón de león, Pedro el bravo, Pedro el fuerte….
En el transcurso de una clase, estaban desarrollando un caso sobre flujos productivos de bienes y servicios, Pedro Fuerte preguntó por las tareas que debían realizar sobre el análisis de producción a un restaurante, un cine y una clínica; el grupo simplemente calló, no dieron respuesta, no habían hecho nada. Esto para Pedro fue un golpe en seco: “cómo es posible que ustedes estén a un año de graduarse y no respondan ni mú??!!!!”. Ofuscado, cerró el libro (lo estampilló) y salió del salón dando por terminada la clase.
La clase siguiente a esta hizo crisis, todo estalló. Llegaron a clase, Pedro saludo (sin respuesta y con eco en el salón), les colocó un video de 15 minutos sobre el proceso de calidad en una planta productiva de carros. Al terminar hizo la pregunta correspondiente para dar inicio a la discusión, según la practica común para el manejo de casos: ¿Cómo se organiza un sistema de calidad en un proceso productivo de ensamble?
Silencio….
1 minuto
Silencio….
2minutos….
-Por favor abran el libro en la pág. 243 y respondan la pregunta que les he hecho….
En cámara super lenta (cuadro a cuadro) los alumnos abrieron la página y de nuevo…silencio….
Pedro estalló en cólera rabiosa y con el rostro enrojecido grito:
- ¡¿Qué les pasa?!
-Uds. nunca se meten en el cuento!
-Cómo responde a un reto? ¡Ya los veré cuando estén en una empresa y les toque que responder por un presupuesto, por proyectos, por productos nuevos y tenga a cargo 350 personas!
- ¡No los veo en movimiento, parecen momias!, carajo!
-Definitivamente están mal!, ¡dejemos allí la clase!
Pedro se sentía mal, ocho semanas de 16 en el semestre habían transcurrido y nada!!!, estaban próximos al primer examen parcial. Pedro se preguntaba: ¿Qué les voy a preguntar? ¿Sabrán algo del tema que hemos visto?, ¿Será que yo no he hecho bien las cosas?, ese cuento de la metodología activa!!! Hahn, pues que se jodan!!!, si no quieren aprender allá ellos, zánganos, que quieren todo como si fueran un youtuber, que joda con esta juventud, están con la cabeza torcida”.
A la semana siguiente llegó a clase, como siempre, abrió el libro para ver en que capitulo estaban trabajando, “de nuevo este suplicio, ¡Dios mío, yo que he hecho para merecerme este karma”, pensó, paso los capítulos y llego al número cuatro, el que tocaba esta semana, “ahhh, que bien, el tema, como organizar los procesos productivos y como hacer balanceo de línea, genial!!!, un capitulo con ejercicios y con hartos números, ahora si van a ver como es de duro este cuento de producción”.
La clase empezó, lentamente, el peso era grande y la mirada rayada de los alumnos también. El libro muestra como se hace un juguete y explica como se debe balancear la línea de producción, Pedro les pidió que leyeran paso a paso el ejercicio, mientras el en voz alta simplemente repetía las cifras y las fórmulas que se encontraban allí escrita: ciclo máximo, tiempos, movimiento, paso a paso, dato por dato.
Los alumnos terminaron de leer y al finalizar Pedro los miró:
-alguna pregunta?
Silencio…
-entonces el ejercicio dos por favor …en grupos si quieren…
Y así continuó la clase; Pedro recordó que en la Universidad había un profesor con una caja de fichas lego, entonces se le ocurrió una gran idea, ¿porque no?... dividir el grupo en pequeños sub-grupos (es decir los mismos en que estaba dividido el salón) y que cada uno construyera un juguete usando el lego.
Mientras, los estudiantes se encontraban trabajando en pequeños grupos y trataban de solucionar el problema, Pedro salió corriendo del salón cruzando los dedos, rumbo a la oficina del profesor tiempo completo que trabajaba en el Departamento de Administración, …el de la caja de lego; caminaba, corría, por un campus gigantesco… rezaba para que él estuviese en la oficina. Afortunadamente allí estaba.
Se saludaron cordialmente y entonces le pidió el favor le prestara las fichas de lego. El profesor le entregó una caja donde estaba el juego y los manuales. Pedro feliz corría hacia su salón, parecía un niño con juguete robado. Cuando llegó al salón puso cara de serio, los alumnos levantaron la cabeza y el cuadro era chistoso, una caja grande que llevaba un profesor en su hombro.
Pedro colocó la caja en la mesa y ordenó:
-Bien! divídanse por favor en grupos que vamos a realizar una actividad que he planeado desde hace una semana, espero que todo salga bien, es su última oportunidad para que puedan aprender algo en la vida…esto lo tengo fríamente calculado…
El salón se miraba con desgano y burla a la vez, con cara de “ahora este que se trae”, solo con unos pequeños movimientos quedaron organizados en subgrupos.
-Ahora les entregaré un diseño de un juguete a cada grupo, aquí en esta la caja están las fichas para que busquen las que corresponde al juguete que deben armar, luego cada grupo tomará el libro en la pág. 338 y sacará los tiempos necesarios y hará el balanceo de línea necesario, ¿alguna pregunta? ¡Entonces arranquen!!
Los alumnos tomaron el plano y comenzaron a escarbar en la caja, tomaron las fichas y empezaron la construcción, unos se sentaron en el piso, otros corrieron las mesas, en fin, ¡se sentía acción en el salón! Pedro Fuerte se paseaba por los grupos dando indicaciones, aquí y allá, hacia preguntas, aclaraba dudas, enseñaba como usar el cuadro del libro. Al mirar el salón desde una esquina, Pedro pensaba: “por fin!!! Hasta que esta vaina arrancó”.
La clase terminó, entregaron las fichas y miraron los resultados, en general se encontraban completos y los tiempos estaban correctos lo mismo que el balanceo diseñado. Se podría decir que se había cumplido con el objetivo del capítulo de la clase y el libro, “la clase fue un éxito” pensaba Pedro.
-Vieron lo que pasa cuando ustedes se meten en el cuento?, yo tengo mucho para enseñarles, pero si ustedes no hacen nada…allí verán que hacen, porque soldado avisado….
Todos se miraron y la mirada de nuevo se torno rayada, fue como una bofetada a todos, organizaron sus maletines y salieron del salón de clase. Al salir una última estudiante, acompañada por otros tres, le dijo a Pedro
- ¿Profe, gracias por la clase estuvo cheverísima, así si aprende uno, porque esas fórmulas en el libro, yo la verdad es que no entiendo nada y como yo estoy estudiando Contaduría …vamos a seguir jugando la próxima semana?
-Claro, ahora tendremos una metodología lúdica activa, le voy a traer un juego más complicado que me he craneado.
-Ufff, que chévere profe, además mire que así a usted se le puede hablar y deja esa cara de perro bravo que tiene.
-De verdad?, pues que bien, así también podemos seguir charlando…
-bueno profe, chaoooo
Pedro la siguió minuto a minuto con la mirada, a esa estudiante que en especial lo puso a pensar….
Cerró el salón y caminó hacia la oficina del profesor que le prestó la caja.
-Como le fue?
- ¿Muy bien, como siempre, para la próxima semana me la presta?
-Claro, venga por ella. Me gustaría ver el diseño instruccional de la actividad, así podemos compartir ideas.
-Ahhh, si, si, como no, claro, tra-tra-traeré el diseño. Gracias y adiós.
Pedro salió de la oficina, se sentía como si hubiese salido de un callejón sin salida en su laberinto metodológico de sus “clases pésimo-activas”. (¿“que fue lo que dijo? diseño que?”). Al pasar por la cafetería se sentó en una mesa a tomarse un tinto que llevaba en la mano, al otro lado de la ventana, miró de reojo e identificó a la estudiante que salió del salón y le habló, paro la oreja y escuchó la conversación entre ella y otro estudiante
-Que va marica!, ¡esa clase es re fácil, mire que de ahora en adelante vamos a seguir haciendo solo juegos, deje el aleteo!, no ve que ya se lo dije al profe, él come cuento cuando uno le dice que va todo bien, ja,ja,ja.
-¿En serio marica?, el profe que tenemos nosotros es jodido, es pura fórmulas, hoy nos hizo un quiz de balanceo de planta y nos rajó, nadie sacó los ciclos ni el número de estaciones, mejor dicho el parcial va a ser una masacre, yo no creo que el profe de ustedes solo siga jugando, va a ver que se las va a clavar, mire que este profe también nos pone casos y para resolverlos hay que sacar calculadora, hace tablas en el tablero o también lleva su computador y en Excel va haciendo los cálculos para dar con las cifras, que nos ayuda luego a resolver el problema.
Ya llevamos tres casos y el grupo de nosotros ha sacado un tres cinco y dos con cuatro, pero nos ha tocado sudarla; nos ha dado tutorías adicionales y nos ha presentado videos en youtube, explicándonos como es el proceso productivo que estamos viendo.
Ese juego que hicieron ustedes hoy, nosotros lo hicimos la semana pasada y tuvimos que sacar indicadores y medir con estadística las desviaciones de la planeación y el balanceo, nos tocó medir la curva de rendimiento y de aprendizaje, también hemos hecho cuatro visitas, fuimos a un ingenio, a una planta de fundición, a una papelera y a una mina de carbón; nos ha acompañado y nos va explicando cosas que no entendemos.
Estamos planeando ir a Bogotá a visitar unas plantas de allá, ya comenzamos a realizar actividades para recoger plata, eso sí, este profe da, ¡pero exige al piso marica! ¡a la lata!, nos tiene volteando!, por eso le digo que me parece muy raro lo que usted me cuenta que le esta pasando con su profe.
-Que no marica!, ese man no sabe para dónde va, dizque gerente de planta, pobre bobo, mire que con eso de los casos es un enredo, nunca llegamos a nada, no hay respuesta segura y cualquier cosa que usted diga en clase sirve, el hecho es meter la cucharada no más, ya dijo que el parcial va a ser un caso y además cada uno puede contestar lo que quiera, deja sacar todo, libro, apuntes, todo; entonces que, para eso está la Nerda y Dexter, los lambones del salón; fresquese, además, ya hablamos con ellos para que no vayan a contestar el caso con tanta maricada y si el ve que nadie contesto como mucha cosa, entonces tiene que cortar por lo sano.
Nunca ha puesto un número en el tablero, además ya dijo que no le gustaban los números, de manera que, a lo bien, me parece mejor mi profe que el suyo, además nosotros ya no estamos para esos agites, eso que lo hagan los primíparos.
Los alumnos se levantaron y se fueron.
Pedro se quedó pensando…” ¿como así que el otro profe de esta materia es pura fórmula y quices?, claro que el sí puede hacer visitas, como él trabaja acá en la universidad, es un privilegiado, en cambio yo doy mi clase y me tengo que ir a trabajar a la empresa en la planta de producción y tampoco tendría tiempo para estar calificando exámenes, suficiente tengo con los parciales, mmm… como así que los casos resueltos con números y con Excel, yo no creo que así se tenga que resolver un caso, no dizque tenemos que hacer la “metodología proactiva”?
¡
De malas, ahora si no entiendo nada, me jodí…ahh que va! también me voy a fresquear, voy a seguir haciendo juegos…. ¡Con tal… lo que importa acá es la evaluación de estos pendejos y a mi este ingreso extra me sirven!
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Caso elaborado por el profesor Andrés López Astudillo, para el curso pensamiento sistémico para profesores. Universidad Icesi. Departamento Ingeniería Industrial. Septiembre 2021. Primera versión elaborada en el 2004. alopez@icesi.edu.co; alopezastudillo@gmail.com
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