Al concluir la clase, Elías Borrego se quedó sentado en el
escritorio del salón mirando una a una, las evaluaciones que el grupo le había
realizado en el formato oficial que la Universidad destinaba para conocer el
desempeño del docente.
Era su última clase de la materia Gestión Gerencial, en el Diplomado
de Gerencia al Minuto, dictado a la empresa Multinacional Stake International.
Esta clase había terminado hacía 15 minutos; dictó en total 34 horas, siendo ocho
clases de cuatro horas cada una.
Borrego veía como en las diez preguntas del cuestionario
realizado a los alumnos, en la mayoría de los formatos revisados, contestaban señalando
la opción categorizada como “BIEN” en el desempeño global de los diferentes aspectos
de la clase evaluados, siendo la escala: mal, regular, bien, muy bien y
excelente.
Extrañado y frunciendo el ceño, no le gusto para nada esta evaluación
ya que su expectativa de calificación por parte de los estudiantes era
“EXCELENTE”.
Consideraba que su desempeño había sido impecable ya que
desarrolló metodología de casos y adicionalmente, tenía un interés personal
presente: el tener como estudiantes a ejecutivos pertenecientes a una de las
más prestigiosas Multinacionales de la ciudad representaba para él un mayor reconocimiento
y posibilidades laborales futuras.
Recordó como en esta última clase, se acerco una integrante
del grupo, la Gerente de Sistemas de la empresa, quien había sido especial
debido a la participación permanente que presento en el desarrollo de las clases
y los interesantes aportes durante la discusión de los diferentes casos; en el
momento de entregar la evaluación, ella le había comentado en voz baja lo
siguiente:
-Profesor, esas evaluaciones reflejan lo que usted logró en
nosotros.
- ¿Cómo así?, no le entiendo.
- ¡Quiero decirle que usted nos desenmascaró, nos mostró
que no sabemos identificar un problema, que normalmente nos quedamos en las
ramas, también nos puso el dedo en la llaga, nos demostró como estábamos
equivocados en muchos conceptos, además!, nos sacudió y nos tiro unos cuantos baldados
de agua fría en la cara cuando expuso la realidad de las teorías administrativas
que normalmente aplicamos sin siquiera preocuparnos de donde vienen.
Nos hizo sentir que,
de verdad le digo esto, hablamos tanta bobada todos los días en reuniones, además
sin tomar en cuenta la realidad; tras que no sabemos leer, leemos mal y aplicamos lo que no nos
sirve para nada confundiéndonos más.
Usted con los casos nos puso a vivir los roles que nosotros
hacemos en nuestra empresa, yo misma me sentía caricaturizada, a veces los diálogos
de los casos eran como sacados de nuestra reuniones ,como será que decíamos en
burla:…hola! como hizo el profesor para escucharnos la semana pasada…; recuerdo
mucho el caso del Gerente de Planta Embolatado, ve al señor flaco del fondo del
salón?, no mire tan rápido, despacio
profesor que me delata ….ese, es nuestro Gerente de Planta Embolatado,
igualitico profesor, usted viera las pestes que hablo de usted al día siguiente
que discutimos este caso, y ve al señor calvo de la izquierda?...el que tiene
ese anillo gigantesco en la mano que se parece a Drácula?, si , ese profesor ,
ese es el Dr. Rex del caso Jurasic Park, también….igualitico, ah, claro que hubo
una diferencia, ese hablo más pestes que el otro y fue a recursos humanos a
pedir que se cancelara su clase porque usted era un pésimo profesor…Ve?
Entonces usted también saco a flote lo negativo de mas de uno.
- ¿Cómo así que aquí se vivió todo eso…de verdad, no me
está exagerando?
-Para nada profesor, es la purifica verdad, claro que
pasaron mas cosas, usted en los casos ridiculizo a los ostentosos, a los que
intimidan, a los brutos, a los que se pavonean porque tienen un postgrado o una
maestría, en fin, usted cogió del pelo a todos y trapeó, fregó y plancho, ¿me
entiende profesor?
-Es decir que este grupo al ser cerrado, es decir, cuando
todos son de la misma empresa y vienen a tomar la clase, viven un nudo
gordiano: ¿se les cruzan roles, cargos, poderes y tensiones?
-No se profesor lo que me quiere decir, pero siempre que
usted daba la clase, al día siguiente, toda esta gente estaba de mal genio, gritaban a las secretarias , peleaban con todo
el mundo que se les atravesara en el camino, además uno escuchaba en la cafetería
los chistes que se hacían en voz baja por los personajes del caso que se había
tratado o por las situaciones idénticas que vivimos aquí. Hasta le salio un
imitador, repite su voz y comienza a hablar como usted lo hace en clase, es chistosísimo
profesor, hay perdóneme en todo caso por mi risa, pero usted viera.
Elías Borrego seguía mirando las evaluaciones y se detuvo
en una que lo marcaba como “regular” en todos los aspectos, “y…esto? ¿pero qué
raro?”, se dijo para si.
Continúo revisando y encontró otras dos seguidas en igualdad
de condiciones …todo regular…, también había una con comentarios los cuales leyó:
“ácido”, “falta tacto para transmitir”, “es muy pedante y orgulloso, se cree
que se las sabe todas”, fatal eso de los casos, para que estudiar así, un
profesor que no explica no sirve”, “se nota que no prepara clase y eso de los
casos es solo improvisación”.
Después de leer estas observaciones, recordó las clases y
se dijo: “veamos la realidad de estas observaciones, tomare punto a punto como
hacia mis clases y la secuencia que desarrollaba”.
Tomo entonces papel y lápiz y se dispuso a escribir un
esquema:
-Yo llegaba al salón, saludaba al grupo y daba la idea
general de trabajo que íbamos a desarrollar en esa clase, escribía en el tablero
máximo cuatro puntos que reflejaban los temas a tratar, luego entregaba el caso
respectivo, un caso de 3 a 4 hojas por lado y lado, fácil de leer, el caso podía
estar en español o en inglés, eso era lo de menos; daba la instrucción de
lectura en la cual se tomaban unos 20 minuto, luego les pedía que se reunieran
en grupos de trabajo y discutieran el caso buscando una solución al mismo, en
esto tardaban otros 30 minutos, la verdad no vi mayor provecho de este tiempo
porque los veía metidos en un teléfono móvil mirando shorts y riéndose de información
insulsa, superficial , es decir información para mentes fatuas y superficiales;
tomaban el descanso de 20 minutos y luego yo comentaba el caso, les hacia ver
los errores que estaba cometiendo los actores y responsables de las situaciones
comentadas en el caso, haciéndose énfasis sobre como el ejecutivo colombiano
hacia lo mismo y comentaba situaciones que me he encontrado en empresas a las
cuales he hecho consultorías, eso era todo .
Había intervenciones por parte de los estudiantes durante
estos comentarios que yo hacia, lo cuales en su gran mayoría no eran acertados por
considerarlas fuera de tono, foco o contexto teórico, en ocasiones tuve
confrontaciones con uno que otro estudiante, ¡yo simplemente le hacia ver el
error en que estaba haciéndole preguntas que lo ponían contra la pared y él terminaba
aceptando el punto de vista que yo le estaba exponiendo el cual era el correcto!.
A veces me parecía el colmo que todo un ejecutivo saliera
con unas bobadas…, yo permanentemente le explicaba al grupo sobre esta
metodología basada en casos, la cual exigía por parte de los alumnos
intervenciones concretas, fundamentadas en conocimientos sólidos de tal forma
que se pudiera defender los puntos de vista expuestos. El grupo aceptaba estas observaciones,
pero era bastante apagado.
Después de esta discusión del caso, utilizaba los últimos
30 minutos de clase para dar un concepto teórico que nos serviría de base para
discutir el caso en la siguiente clase. Así transcurrieron las ocho sesiones de
la materia, con un caso por clase.
El profesor Borrego hacia un barrido mental minucioso sobre
los elementos utilizados en esta materia como parte de la metodología aplicada,
los cuales iba escribiendo:
“Para esta clase también aplique los siguiente”:
-Casos cortos de 4 a 5 hojas, cada uno, ni modo de decir
que eran casos pesados, extenuantes o hartos, nada que ver con lo que yo estudié
en mi MBA internacional que eran casos Harvard.
-Casos concretos, de problemas reales sobre la gestión
operacional de la empresa o de una empresa en general, con situaciones comunes
que ocurren en cualquier empresa de nuestro entorno. Normalmente los casos están
con nombres de empresas ficticios y productos genéricos, esto con el fin de no
caer en situaciones que los estudiantes consideran “denuncia”, de manera que
nadie quedo en “evidencia”.
-Hice comentarios precisos sobre las situaciones y los hechos
que presentaban los casos, los cuales conozco ya que los he aplicado en muchos
seminarios y cursos, como también dicho a los responsables en consultorías (ya
perdí la cuenta cuantas llevo), lo cual me permite experiencia y fluidez.
-Experimente como las discusiones de los casos y los
comentarios que hacen los estudiantes, varíe muy poco de grupo a grupo o de
Empresa a Empresa, siempre concluyen lo mismo con serias limitaciones
conceptuales, repiten lo mismo, son como discos rayados o cortados con la misma
tijera. Yo siempre traté de sacarlos de esa zona de confort demostrándoles como
había muchos otros puntos de vista, teorías, incluso les di bibliografía con información
científica (papers) que podrían encontrar en la biblioteca, pero que nunca
consultaron ni leyeron.
-La mayoría de los estudiantes al discutir o presentar sus
puntos de vista no concretan nada, esto, aunque me puede sacar de casillas, me contenía
y trataba de llevar al alumno a encontrar sus propios límites, haciéndole ver
que estaba equivocado en un determinado punto o que no estaba considerando
conceptos teóricos reales. Pedí un informe escrito sobre un caso que entregue
en la clase seis y lo que me entrego cada uno de los grupos, eran comentarios
del caso, no había análisis, volvían a decir lo que estaba en el caso con sus
propias palabras. Normalmente se veía que sacaban esos resúmenes e ideas del CHAT-GPT,
cosa que uno como experto reconoce cuando es respuesta de la IA, pero yo nunca
reclame por eso, considero que un ejecutivo debe responsabilizarse por tener
ideas propias y no regaladas por una máquina.
En ocasiones, los casos se tornaban en discusiones de los
comentarios presentados por los mismos alumnos, eran comentarios hechos con
segunda intención, es decir, usaban el caso para darle rayo a alguien o cobrar
algo, teniendo que intervenir inmediatamente cortando la discusión o “dialogo”
establecido de carácter tóxico. En mis clases nunca permití el desarrollo de
este tipo de ambiente.
-Para cerrar un caso siempre pregunte si quedaba alguna
duda y al tener el silencio como respuesta, daba por sentado que todo estaba ok,
simplemente quedaba todo concluido.
-La metodología fue estable, es decir que las ocho clases
se realizaron bajo el mismo formato lo cual daba seguridad y continuidad, sin
sobresaltos y sorpresas en el salón de clases.
-Acorde reglas de juego, fueron claras, había espacios para
leer, discutir en grupo y para concluir. Incluso dejaba que la gente comiera
mecato en clase.
-Tuve exigencia académica, los casos eran escritos basados
en situaciones reales, lo cual requería por parte del estudiante, comprender la
complejidad, poniéndolo a prueba sobre sus conocimientos”.
Borrego miro la lista elaborada de puntos escrita y al mismo
tiempo, al lado, miraba las evaluaciones entregadas, tenía un mal sabor en la
boca, consideraba que no era justo que algunos estudiantes hubiesen escrito
esas observaciones y mucho menos que lo hubiesen calificado de regular.
- “Ni modo, creo que actué correctamente y tomare estas
evaluaciones malas como casos aislados, pero
que raro…, ¡definitivamente…NUNCA SE PUEDE TENER A TODO EL MUNDO CONTENTO!”.
Caso elaborado por Andres Lopez Astudillo. Universidad
Icesi- Facultad de Ingeniería Industrial.
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